La realidad en el transporte público

Sería irresponsable dejar de hablar sobre los riesgos sanitarios que la ciudadanía enfrenta todos los días al utilizar el transporte público.
Jalisco no solo es uno de los estados más poblados del país sino que además, es una de las economías más importantes. Según las cifras de INEGI, nuestro estado aporta a la federación poco más del 7% del PIB nacional y cuenta con una población que supera los 8 millones de personas, de las cuales, casi la mitad es considerada población económicamente activa por el propio IIEG.

Estas cifras reflejan el gran reto de movilidad al que nos enfrentamos en el estado. Si a lo anterior sumamos que la mayoría no cuenta con algún tipo de vehículo privado y que para trasladarse por la ciudad tienen que recurrir al transporte público y peor aún, que tan solo el 0.3% del total de vehículos de motor registrados en Jalisco son camiones pasajeros (INEGI, 2017), podemos entonces dimensionar una problemática que no es nueva pero que con la pandemia ha recrudecido: la insuficiencia en el número de unidades y la consecuente saturación del transporte público.

Para muestra un botón: tan solo en la ciudad de Guadalajara durante el mes de mayo del año en curso, 1 millón 614 mil 942 personas hicieron uso de este tipo de transporte (INEGI).

La reactivación económica ha sido necesaria debido a otra problemática que tampoco es nueva y con la pandemia también ha recrudecido: los índices de pobreza, desigualdad y precariedad laboral, mismos que han obligado a miles a salir de casa. En este contexto, retomar el uso del transporte público se volvió inevitable pero también sumamente peligroso debido a la exposición de las personas al virus SARS-CoV-2, o como seguramente más lo hemos escuchado: Coronavirus.

El transporte público se ha vuelto un foco de infección, ya que si bien se han aplicado medidas y recomendaciones sanitarias, han sido insuficientes. Del llamado a la colaboración el gobierno pasó a la implementación de medidas punitivas, tan solo durante el mes de julio, el número de multas a choferes de las unidades por incumplimiento de las medidas sanitarias superaron las 200 multas.

El virus al que nos enfrentamos, va de persona a persona, de persona a objetos y de esos objetos inanimados a otras personas, un círculo vicioso, que solo podemos evitar con algunas herramientas de distanciamiento social, de insumos como cubrebocas, gel antibacterial y el continuo lavado de manos las cuales necesitan disciplina y colaboración para ser efectivas y salvaguardar la salud de las y los usuarios, así como del personal que opere las unidades del transporte público.

Los botones de emergencia estatales y los semáforos federales, son prueba de la extenuante incertidumbre a la cual ha sido sometido nuestro estado y el país entero. Por ello, tenemos obligaciones puntuales: exigir que los gremios públicos y privados puedan coordinar acciones para que el uso del transporte público no sea un riesgo. Como sociedad civil debemos encaminar nuestras acciones basándonos en la solidaridad y el respeto con todas y todos los demás.

Si cuidamos de nosotras y nosotros mismos, estamos cuidando de las y los demás. Al sector privado, le compete lograr escalonar los horarios de entradas y salidas de empresas y negocios para disminuir el número de personas que viajan por unidad. Y por otro lado, el sector público tiene la responsabilidad de vigilar que las medidas sanitarias se cumplan. En la medida que giren todos los engranes de estas estrategias, lograremos no solo disminuir los contagios, si no también salvar la vida de miles de jaliscienses.

Valeria Ávila. @avila93_

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