HAGAMOS CUANTO ESTÉ EN NUESTRAS MANOS POR LA AUTONOMÍA Y LA ESTABILIDAD POLÍTICA DE JALISCO.

Jalisco enfrenta momentos difíciles. Como el planeta, como el país, por la pandemia, la crisis económica resultante y la pérdida de vidas al Covid19. Pero también por una situación de inseguridad que causa creciente preocupación a las y los jaliscienses, y por una relación ambivalente con la federación. Ahora debemos sumar a este panorama una crisis política en pleno proceso electoral.

Movimiento Ciudadano, el partido que gobierna y detenta el control del Legislativo, vive un momento turbulento: más allá de los lamentables problemas de salud en la familia de uno de sus cuadros –con los que nos solidarizamos–, anuncios súbitos y desconcertantes cambios y declinaciones que obligan a pensar que en su interior ha fallado aquello que da sentido a la vida de los partidos: la política. Esto, sin embargo, dista mucho de ser un problema ajeno al resto de las y los jaliscienses, con y sin partido si al final resulta que se compromete el aliento federalista que hasta ahora nos había caracterizado como entidad y que bien podría quedar en entredicho, asunto doblemente grave de cara a una crisis sanitaria y económica nacional y global.

Morena, el partido que gobierna a escala federal, ha refrendado, paradójica y predeciblemente, su falta de compromiso no sólo con un espíritu federado sino, más grave aún, con los principios que supuestamente le dieron origen. No parece ya, al menos en Jalisco, el movimiento que se reputaba heredero de las luchas históricas de la izquierda ni uno que pretenda transformación alguna del contrato social: sus candidaturas, pobladas de nombres de militantes del PRI y del PAN de raigambre antigua y reciente data, apuntan a que el programa del que tanto se enorgullecen no es sino una fachada, y a que se aferran a los métodos tradicionales de la vieja élite al punto de que los resultados de sus presuntas encuestas para la selección de candidatos locales lleguen directo de la Ciudad de México, en sobre cerrado.

El destino de un Jalisco que se necesita fuerte, autónomo, solidario y gobernable no puede volver a recaer en las manos de una clase política que, de manera oportunista y autocomplaciente, atraviesa a varios partidos similares. Necesitamos una vida política que abreve de la experiencia en la administración pública y la tarea legislativa autónoma y vigilante, pero que también represente prácticas nuevas y principios sólidos e irrenunciables. Necesitamos una sociedad de ciudadanas y ciudadanos. Necesitamos no sólo sangre nueva sino ideas novedosas para encarar los problemas de siempre y los de ahora. Juntas, juntos, las y los jaliscienses debemos hacer cuanto esté en nuestras manos, en nuestras capacidades, en nuestras inteligencias, en nuestra imaginación, para hacer que 2021 sea un año de renacimiento y no de claudicación. Pongamos todas y todos lo mejor de nuestra experiencia, lo mejor de nosotros.

Hagamos.